A raíz del post anterior, Carlos y José Luís han quedado un poco inquietos con mi exposición. Quizás me enrolle (y no debería), pero espero ser claro y conciso.
Kant decía que las leyes de la naturaleza (los juicios sintéticos a priori) son objetivas, a priori y universales porque realmente constituyen nuestra experiencia (el mundo físico o fenoménico), al partir de la cosa en sí (un hipotético mundo exterior) y los conceptos puros del entendimiento. Nosotros nos reímos de estas dos cosas, de la cosa en sí y de los conceptos puros del entendimiento, como era categorizado el principio de causalidad por ejemplo, y afirmamos que sólo hay experiencia, o sea, mundo físico ¡Incluso nuestro pensamiento es mundo físico! Por ello decimos que no existen conceptos puros y que la causalidad es un concepto para nada bien definido, pues, ¿como puede tener definición aquello que cambia, evoluciona y nunca ha sido nada concreto y de por sí? En este preciso caso, por ejemplo, sabemos, hoy por hoy, que podemos definir el principio de causalidad de diversas maneras, algunas incompatibles incluso entre sí (Se puede percibir hasta qué grado el concepto de causalidad puede ser fútil al recordar cómo Protágoras, Perícles y otros eminentes Griegos estuvieron un día entero discutiendo sobre cual había sido causa y por tanto el responsable de la muerte de un atleta: si la jabalina, o el lanzador de la jabalina, o los jueves, etc).
En definitiva, aquí estamos discutiendo sobre el mundo físico. Y la verdad es que nadie, absolutamente nadie lo ha pasado nunca en alto, ahora bien, son muchos quienes lo han tratado como algo que debe ser negado o superado o cambiado ¡Han sido muchos quienes han estimado el mundo físico, no como lo real, sino como apariencia, sueño, velo, engaño incluso el mal! Todo el cristianismo se sustenta sobre esta idea: lo mundano es lo malo, el pecado, etc. Leer a San Agustín.
Por tanto a nuestro entender la única verdad irrefutable es que existe lo fisiológico. Ahora bien ¿Qué es la physis? Este dilema fue abierto por los griegos: Tales decía que era agua, Heráclito que era fuego o conflicto en constante transformación, Platón decía que era una copia material del mundo de las ideas en constante generación y corrupción, los epicúreos un cúmulo de infinitos seres indivisibles que se movían constantemente, y con más o menos libertad, por el no-ser (vacío) conformando cuerpos complejos o disgregándolos. Hoy en día, decimos que es energía, literalmente una transformación permanente que nunca aumenta ni disminuye, y mediante la entropía añadimos que la transformación (energía) puede ordenarse o disgregarse.
A nivel metafísico, pues, no estamos tan lejos de los griegos, aunque nosotros seamos más precisos. En realidad lo único que ha conseguido destacar la ciencia moderna a diferencia de la antigua es en operativismo ¡Hemos conseguido que la ciencia sea un mundo de operarios de la naturaleza! Pero a nivel de ideas nos cuesta superarlos. La verdad es que esto es muy curioso.
Partiendo, pues, de la idea que la naturaleza es energía (una transformación permanente) creo que no nos queda más opción que empezar a pensar la naturaleza como un mar de entes energéticos,por decirlo de alguna manera, los cuales se transforman unos a costa de otro, hecho que imposibilita la existencia de un tipo de ente energético mínimo e indivisible, fundamental y atómico. Eso nos permitirá vernos a nosotros mismo como entes energéticos de la misma forma que el sol o un electrón.
De todas formas, puesto que en el mundillo científico actual dominan los operarios de la naturaleza, supongo que resulta necesario establecer una formulación matemática que plasme esta idea, para así volverla útil para predecir y calcula; que a fin de cuentas es lo que les importa a esta gente. Pues si no es útil no hay beca. .